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Adultos Mayores y formación permanente

Mgter Susana Berger
Mgter. en Ciencias de la Educación
Directora del Departamento de la Mediana y Tercera Edad
Facultad de Ciencias de la Educación. Universidad Nacional de Entre Ríos

Deseo compartir con ustedes, algunas reflexiones acerca de la educación, los adultos mayores y los desafíos éticos que este tema nos propone.

Todos nosotros somos concientes de nuestra edad cronológica y asignamos a ésta un valor referencial en relación a nuestras posibilidades, nuestras acciones, nuestras formas de relacionarnos. Esto es así, porque el mundo actual y en especial la sociedad occidental valora una organización de la vida humana basada en la edad cronológica.

Les propongo que durante unos instantes imaginemos una sociedad en el que sus habitantes en vez de preocuparse por el numero de años que han vivido se preocuparan más bien por el número de años que les quedan por vivir. Aunque seguramente hoy no resulta fácil pensar desde este lugar, ya que implica mirar la vida como un proceso en el cual todos los períodos albergan potencialidades; en numerosas sociedades antiguas no existía esa preocupación por la edad y es conocido por todos, el lugar que en ellas se asignaba a los ancianos como fuente de sabiduría.

Aristóteles habló de “alegría” para referirse a ese período de la vida signado por la experiencia. El filósofo H. Bergson prefirió distinguir entre un tiempo de reloj, para referirnos a esa edad cronológica y un tiempo de vida para dar cuenta de la experiencia cualitativa de los seres humanos a través del irreversible movimiento de la vida. Esa experiencia está siempre jalonada de éxitos y de fracasos, de esperanzas y desilusiones. Se habla para referirse a ella, del tiempo de la “sabiduría”, de la “autorrealización”.

La educación de los mayores

En los ámbitos institucionales relacionados con la educación el término formación tiende asociarse con: formación escolar, formación profesional o para el trabajo. En todos los casos se relaciona con procesos, prácticas, intenciones, condiciones y sujetos vinculados a la institución escolar e históricamente orientados a las jóvenes generaciones.

Sin embargo, miradas desde la educación no formal y la educación permanente se han dirigido a aquellos sectores de la población desatendidos por el sistema educativo, entre ellos los adultos mayores.

En las últimas décadas, numerosas Universidades encarnando un concepto más amplio de formación han abierto las puertas, precisamente a esos adultos mayores a través de los Departamentos o Programas Universitarios específicos, con la convicción de la posibilidad de estos sujetos de ampliar sus propios aprendizajes, brindando, a la vez el aporte de la herencia cultural a la comunidad.

Sus destinatarios son sujetos con diversas trayectorias de vida, intereses también diversos y formaciones previas distintivas; y cuyas expectativas están puestas en aprender por placer y no vinculadas a un sentido utilitario e inmediato. Cuando abordamos la educación de los mayores, se despliegan, a mi modo de ver al menos tres interrogantes:

1- cuál puede ser el sentido para los adultos mayores de esta educación 2- qué es lo que justifica la educación de los mayores y ésto nos ubica frente a una cuestión ética.
3- pensar a la educación de mayores , en un sentido amplio como un proceso social que tiende a enriquecer a la sociedad en general.

La primera cuestión nos enfrenta a cómo abordar el proceso de envejecimiento, sus significados y desafíos.

El siglo XX ha sido testigo de un aumento histórico en la esperanza de vida. En los últimos 50 años ésta creció, gracias a los avances científicos, en especial de la medicina a niveles impensados a comienzos de siglo. Vivimos en un mundo en proceso de envejecimiento y se espera que entre los años 2000 y 2050, la proporción de personas mayores de 60 años se duplique del 10 al 22%. La población mayor será entonces y por primera vez en la historia de la humanidad, igual a la de chicos menores de 14 años. La magnitud de estos cambios tiene un impacto significativo en la salud, la educación, la integración de las personas mayores, la calidad de vida, la protección social.

Con las diferencias propias que imponen los injustos niveles de distribución de la riqueza y los beneficios sociales entre los países, el nuestro comparte esta particularidad del aumento de las expectativas de vida. La nuestra es una sociedad diversa y multigeneracional.

El nivel de bienestar que experimentan los individuos que envejecen resulta de la interacción entre:

•  sus particulares condiciones, especialmente físico-orgánicas y económicas.

•  Las condiciones sociales que le ofrece el medio en que viven.

•  La forma cómo los individuos se apropian de ellas.

Edgar Morin en su Conferencia: “La Educación en el 2000” en el Congreso Internacional de Educación organizado por UNESCO apuntó a la necesidad de construir un nuevo contrato social para salvaguardar la humanidad, en una sociedad que realiza una valoración permanente de la juventud y de un presente continuo.

Apropiarse de su propia historia, reflexionar sobre el proceso de envejecimiento, sobre las grandes corrientes del pensamiento filosófico, incorporar la noción de educación para la vejez, aprender nuevas y diversas formas de comunicación que faciliten vivir en el medio, entre otras, son algunas de las cuestiones posibles de trabajar con los adultos mayores y con la sociedad en su conjunto apuntando a reconstruir el contrato social.

En relación al segundo interrogante, el por qué pensar en que una persona mayor encuentre espacios donde pueda ampliar sus conocimientos, adquirir nuevas habilidades y destrezas, mantener su integración a la sociedad, considero importante reflexionar acerca de la naturaleza del ser humano, su posibilidad de apertura y permanente realización. Pero, a la vez el carácter de finitud de esta misma naturaleza humana que hace valiosos todos los tiempos de aprendizaje.

Esto nos pone frente a una cuestión ético-social ¿Por qué abocarnos a la educación de los mayores? El arraigo del utilitarismo en la sociedad actual que centra a lo útil como principio de todos los valores, ha llevado a ensalzar lo joven, lo efímero y por tanto a una desvalorización de la vejez.

Es central volver a plantear la educación como un derecho, como un bien social y en este sentido rescatar la educación en todas las etapas de la vida.

Los adultos mayores no escapan a las razones de la pobreza, del individualismo y la competencia salvaje. Compartimos cada vez màs una sociedad que no tiene tiempo para escucharlos. En este sentido. el tercer interrogante nos permite pensar en la necesidad de promover una visión positiva del envejecimiento y la responsabilidad de generar imágenes públicas de la gente mayor como personas con capacidades significativas y contribuciones a hacer a la sociedad.

Los Programas Universitarios de educación de adultos mayores

Esta parte del trabajo se organiza entonces alrededor de tres ejes que iré desarrollando, a saber:

•  fundamentar un concepto amplio de formación vinculado a la noción de educación permanente, que entendemos da sentido a los Programas para Adultos Mayores en la Universidad.

•  pensar al adulto mayor como sujeto de estos procesos de formación.

•  abordar la particularidad de estos Programas que articulan propuestas de educación no formal en el marco institucional.

En relación a la primera cuestión, interesa que nos preguntemos, ¿qué entendemos por formación? ¿es lo mismo formar que educar? ¿qué relación existe entre la educación de adultos y la formación?

Recuperamos la noción de formación desde la tradición del pensamiento alemán, como "bildung"; que nos permite pensar en el plano de la educación y del conocimiento, el papel de “la recuperación de la cultura” en la constitución de los sujetos sociales. En este sentido nos parece fructífero distinguir el concepto de aquéllas posturas que lo entienden en términos de modelo, de “buena forma”, de adecuación a patrones culturales ligados, cada vez más, a la lógica de la eficiencia y el consumo. Nos interesa en cambio pensar la formación y la educación como un horizonte de posibilidades, que permita al sujeto construir espacios y temporalidades diversas, aprender problemáticamente la herencia cultural y tomar conciencia de la historicidad de los saberes y del saber hacer. En un mundo donde la información es cada más amplia y accesible, la educación necesita situarse desde la construcción problemática, histórica e inclusiva.

En el proceso de formación, el sujeto no sólo se apropia de las normas y los órdenes institucionales existentes, sino también de la cultura de su tiempo y se configura a sí mismo como sujeto en tanto crea, recrea y renueva la cultura.

En relación al segundo de los ejes que nos hemos propuesto desarrollar, corresponde que nos interroguemos acerca de las particularidades de este sujeto adulto mayor en estos programas de formación.

Históricamente los destinatarios de estos programas son adultos y adultos mayores dispuestos a completar sus aprendizajes, adquirir nuevas habilidades pero también fortalecer su autoestima y vencer las dificultades físicas, psicológicas y sociales propias de esta etapa de la vida. Legitimando el principio de aprender por placer ponen en juego una fuerte motivación en cada actividad que realizan.

Como grupo etáreo, estos sujetos se enfrentan a un momento de cambios y rupturas. La edad de la jubilación constituye un momento conflictivo en la vida de este adulto mayor y sobre el cual estos programas tienen mucho para ofrecer. Pero observamos que nuevos desafíos se imponen hoy a estas iniciativas. Actualmente se viven cambios intensos, procesos de crisis económico-social, entre ellos aquéllos que tienen que ver con el impacto de las transformaciones científico tecnológicas en el mundo del trabajo. Hace diez años había en la Argentina una desocupación cercana al 6%. Hoy estos índices aparecen triplicados y el trabajo precario e informal se ha acrecentado vertiginosamente. Los más afectados en ésto son los jóvenes pero también surgen nuevas demandas de algunos sectores de la población adulta que pasan a integrar el grupo de personas desempleadas o con transformaciones importantes en sus tiempos de organización laboral. Alejados compulsivamente del campo laboral muchos de ellos quedan sujetos a la marginalidad, pero otros buscan nuevos espacios de inserción e integración. Al perderse “la identidad por el trabajo” (Castell) se produce lo que se da en llamar un déficit de lugares, es decir la búsqueda de una posición con utilidad social y reconocimiento público.

Como ser humano, todo adulto mayor está abierto a múltiples posibilidades; preguntarnos por lo que es , nos remite siempre a algo incompleto, inacabado. En ese sentido podemos decir que el ser humano es proyecto . Buscar y encontrar un sentido al envejecimiento como una etapa más de la vida, facilita asumirse como proyecto, como realización.

Formación en un sentido amplio y en relación a este sujeto particular que es el adulto mayor, implica entonces:

•  generar espacios curriculares para que el adulto mayor fortalezca su propio proyecto de vida como sujeto libre y responsable.

•  contribuir a que desarrolle competencias que le permitan actuar cooperativamente con otros para comunicarse, resolver necesidades colectivas y desarrollar lazos afectivos.

•  hacer propicia la participación creativa de cada uno en la producción y reproducción de la cultura.

•  fomentar el asombro, la curiosidad, el deseo de descubrir y la capacidad de interpretar, explicar y criticar.

La tercera y última cuestión pone en juego la peculiar característica de los Programas Universitarios para mayores en tanto estos reúnen la dimensión formal y aspectos de la dimensión no formal. ¿Podemos pensar a estos Programas como un sistema de formación? Un sistema de formación es un conjunto de interacciones donde confluyen dos propósitos:

•  la de una persona que requiere mediaciones específicas para lograr ciertas adquisiciones.

•  la de una institución que satisface demandas sociales, con funciones legítimas que tienen reconocimiento social.

En este sentido y con el propósito de democratizar el conocimiento y brindar herramientas que contribuyan a hacer de estos adultos mayores, sujetos plenos de derecho, es que estos Programas necesitan implementar curriculums flexibles, con metodologías participativas que faciliten:

•  la recuperación de los saberes previos de los alumnos

•  introducir a los adultos mayores en una nueva trama de relaciones sociales que difieren de sus experiencias previas de socialización.

•  la interdisciplinariedad en la organización de las actividades

•  la elaboración de propuestas educativas abiertas a sistemas y modelos de formación alternativos, a nuevas formas de organización de espacio, tiempo y estilos de aprendizaje.

•  que destaquen las posibilidades de un aprendizaje que genere accione socialmente responsables.

•  que impulsen la comunicación intergeneracional, favoreciendo la integración de las personas mayores con niños, adolescentes, jóvenes y adultos.

El componente participativo de las metodologías que se utilizan no es sólo un medio que favorece la calidad de los aprendizajes, sino que constituye la condición para hacer frente a la heterogeneidad de experiencias culturales acumuladas y la posibilidad de su recuperación.

Las situaciones educativas en el marco de estos programas de formación de adultos mayores en la universidad constituyen un reto permanente a la creatividad y la imaginación. En el diseño de nuevas estrategias es importante que quienes trabajamos en ésto tengamos en cuenta no sólo los saberes que queremos transmitir y el planeamiento y la organización institucional, sino también las expectativas de nuestros alumnos, adultos mayores en sus contextos específicos, sus trayectorias y sus proyectos.

Impulsados por la convicción de que una Universidad debe estar abierta a las necesidades de su medio y comprometida con las múltiples problemáticas de la sociedad, desde el Departamento de la Mediana y Tercera Edad de la Facultad de Ciencias de la Educación, pensamos en un proceso de comunicación interactiva entre docentes y adultos mayores que facilite la construcción de un estilo de aprendizaje que posibilite la circulación de saberes y las relaciones humanas. Basarse en ese estilo, significa llevar a la práctica una concepción general de la educación y la comunicación que sea democratizadora y apunte a la formación permanente del sujeto.

BIBLIOGRAFIA:

CASTELLS, Robert: (1997) La metamorfosis de la cuestión social. Paidós. Buenos Aires.Barcelona.México.
CORNOU, Laurence: (1993) ‘Formación, catástrofe y metamorfosis” en Revista Propuesta Educativa número 9. Mino y Dávila Edic.Buenos Aires.
CULLEN, Carlos A.: (1997) Crítica de las razones de educar. Temas de filosofía de la educación. Paidós. Buenos Aires.
TAMER, Norma: (1998) El envejecimiento humano. Sus derivaciones pedagógicas. Edit. Interamer Serie Educativa. Universidad Nac. de Santiago del Estero.
YURÉN CAMARENA, María Teresa: (2000) Formación y puesta a distancia. Su dimensión ética. Paidós. México.

Tope

 

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